Esta es la primera parte de una serie de dos. La segunda parte fue publicada aquí.
En la mañana del sábado 20 de junio, horas después de que el presidente Rodrigo Paz anunciara en cadena nacional un estado de excepción en todo el país, soldados y policías se desplegaron por la red vial andina. El Decreto Supremo 5636, invocando una ley de 'estados de excepción' promulgada apenas semanas antes, suspendió el derecho a manifestarse y a bloquear carreteras, autorizó a las Fuerzas Armadas a despejar vías sin orden judicial previa y estableció un régimen extraordinario de 90 días en todo el territorio nacional.
Paz justificó la ofensiva calificando el levantamiento obrero de 51 días como 'un intento de golpe de Estado desde el narcoterrorismo.'
La caracterización no es invención de Paz. Reproduce la narrativa fabricada por el imperialismo norteamericano bajo el fascista gobierno de Trump para justificar su intervención directa en toda la región — la misma acusación de 'narcoterrorismo' se despliega para justificar el bombardeo de embarcaciones pesqueras en el Caribe, la invasión de Venezuela y el secuestro de su presidente, y el envío de tropas a Ecuador, Colombia y México.
El lugar de Bolivia en esa ofensiva fue enunciado con claridad por el ministro de Defensa Ernesto Justiniano al anunciar la preparación de la respuesta militar a las protestas: 'Bolivia vuelve a ocupar su lugar en la defensa democrática del continente', afirmó, declarando que el país 'es y debe seguir siendo parte del Escudo de las Américas.'
El martes, las Fuerzas Armadas habían despejado las carreteras. La Administradora Boliviana de Carreteras informó por primera vez en 48 días que no quedaba ningún bloqueo activo. Paz, declarando que 'el bloqueo ha sido derrotado', mantuvo sin embargo el estado de excepción vigente, porque las masas podrían 'reorganizarse.' La represión policial se extiende también a los tribunales, con cargos de terrorismo presentados contra sindicalistas, organizaciones campesinas y el expresidente Evo Morales.
Esta represión fue posibilitada por la descarada traición de la burocracia que afirma dirigir a la clase trabajadora boliviana.
El viernes 19 de junio, el secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Mario Argollo, firmó un acuerdo con Paz 'orientado a la pacificación' del país.
A cambio de vagas promesas del gobierno, la burocracia sindical de la COB se comprometió a levantar las 'medidas de presión', suspender los bloqueos e integrarse a 'mesas de trabajo' con el gobierno de Paz. Argollo proclamó: 'Debe haber reconciliación entre quienes gobiernan y quienes son gobernados.'
La demanda central planteada por las masas movilizadas desde mediados de mayo era la caída de Paz. La COB no solo pisoteó la voluntad de las bases, sino que legitimó al desfalleciente gobierno capitalista en el momento preciso en que este preparaba la represión sangrienta contra el pueblo boliviano.
El aparato represivo había sido montado a la vista de todos durante las semanas previas. El 28 de mayo, Paz firmó la anulación de la Ley 1341, el estatuto que restringía el empleo de las Fuerzas Armadas contra la población — removiendo, en palabras de un diputado de la alianza gobernante, 'el principal obstáculo' para decretar el estado de excepción.
El obstáculo legal había caído; lo que quedaba era el obstáculo político, que la burguesía boliviana contaba con la burocracia sindical para remover. Menos de 24 horas después de que Argollo firmara el acuerdo de 'pacificación' en la Casa Grande del Pueblo, el gobierno desplegaba sus tropas en las calles.
Nada de esto era imprevisible. En enero de este año, la misma dirección de la COB puso fin a la huelga general anterior contra el paquete de austeridad de Paz, terminando con la huelga, como escribió el WSWS en su momento, 'para impedir que se transformara en una lucha para derribar al gobierno.'
El patrón de traiciones es el rasgo constante de la historia de 70 años de la confederación. Desde su fundación en el marco de la Revolución Boliviana de 1952, la COB quedó bajo el control del burguésnacionalista Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que apuntaba a sofocar una revolución obrera. Subordinó a la clase trabajadora al general Torres en 1971, entregó a los mineros a la austeridad del presidente Víctor Paz Estenssoro (tío abuelo del actual presidente) en 1985, facilitó el golpe de 2019 e ingresó al gobierno de Áñez, y puso fin a huelga tras huelga cada vez que el movimiento amenazaba con escapar a su control.
Los trabajadores y campesinos bolivianos han sostenido un levantamiento de 50 días contra la burguesía nacional reaccionaria y sus patrocinadores imperialistas. La conspiración contrarrevolucionaria montada por Paz y Trump contra él es una medida de su fortaleza, no de su debilidad. La determinación de las masas jamás estuvo en cuestión. Lo que permanecía, como escribimos el 5 de junio, como 'el terreno más peligroso del conflicto', era la brecha entre esa determinación y la dirección política a disposición de los trabajadores. La tarea que enfrentaba y sigue enfrentando la clase trabajadora es romper con las agencias burocráticas del Estado burgués y establecer su independencia política.
El ala izquierda moren i sta de la burocracia
La Liga Obrera Revolucionaria – Cuarta Internacional (LOR-CI) — en Bolivia, afiliada a la Corriente Revolución Permanente (CRP), que publica La Izquierda Diario — ha emergido como un obstáculo definido en el camino de la clase trabajadora boliviana hacia la independencia de clase.
Los morenistas buscaron presentarse a lo largo de la lucha como una oposición de izquierda radical a la dirección de la COB. Sus materiales denunciaban la vacilación del sindicato y exaltaban la combatividad de las bases. De todo ello extrajeron una única demanda: que 'la COB haga efectiva la huelga general.'
Su declaración del 24 de mayo, '¡Ni un paso atrás: La COB debe realizar la huelga general!', argumentaba:
No podemos permitir que la burocracia sindical vuelva a secuestrar nuestra lucha, con personas muriendo en el proceso. Las organizaciones campesinas, indígenas, vecinales y grupos de autoconvocados, podemos y debemos exigir a la COB que efectivice la huelga general con paro de labores en todas las fábricas, minas, bancos y lugares de trabajo. Nosotros, los trabajadores de base, que miramos con angustia cómo no podemos poner el pan en la mesa, debemos tomar en nuestras manos la efectivización de la huelga general, y debemos exigir a nuestra dirección sindical que lleve esta lucha hasta el final.
La fraseología pseudorradical sobre 'tomar en nuestras manos' la efectivización de la huelga sirve únicamente para reforzar la autoridad de la burocracia sindical confrontada con el levantamiento de la clase trabajadora.
La línea morenista parte de un claro reconocimiento de las traiciones de la burocracia y de la revuelta que fermentaba contra ella desde las bases. Registran que la confederación declaró la huelga general el 1° de mayo y pasó seis semanas negándose a hacerla efectiva; recuerdan que pactó con el gobierno en enero y fue tachada de traidora por ello; registraron el rechazo de las bases a las direcciones oficiales. Pero su función es gestionar esa revuelta — mantener a los trabajadores alejados de las conclusiones políticas de estas traiciones, orientados a presionar al podrido aparato.
El traicionero acuerdo de 'pacificación' del 19 de junio fue el veredicto sobre esta orientación. Lo que hicieron los morenistas a continuación los expuso aún más.
Con la COB ya abiertamente en el campo del gobierno, transfirieron sus llamamientos a las federaciones campesinas e indígenas que aún sostenían los bloqueos . La Izquierda Diario amplificó la denuncia de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) contra Argollo por haber firmado un acuerdo que 'traiciona la causa.' Hacia estas organizaciones no obreras y socialmente heterogéneas, los morenistas son aún menos críticos que respecto a la COB.
Lo que los documentos de la LOR-CI jamás plantean es la necesidad de un partido revolucionario independiente de la clase trabajadora.
Los morenistas hacen un culto de la 'autoorganización', de las 'asambleas abiertas' (o 'cabildos'), y hablan de 'construir una hegemonía socialista y revolucionaria.' Mediante esta retórica, encubren su rechazo a la construcción consciente de una dirección marxista en la clase trabajadora.
Continuará
(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 d junio de 2026)
