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Estados Unidos amplía los bombardeos contra Irán a la infraestructura civil

Las fuerzas armadas de EE. UU. destruyen la torre del Servicio de Tráfico Marítimo en el puerto de Shahid Kalantari, en Chabahar, Irán. La estructura, de aproximadamente 60 metros, se utilizaba para monitorear y coordinar el tráfico marítimo en el puerto comercial. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, se jactó del ataque en las redes sociales.

El ejército de Estados Unidos bombardeó el viernes puentes, una estación de tren, un aeropuerto y la torre de control del único puerto marítimo de aguas profundas de Irán, en lo que fue el séptimo día consecutivo de ataques, ampliando así su ofensiva desde objetivos militares hasta la infraestructura de la vida civil.

Los medios estatales iraníes informaron de ataques contra al menos cinco puentes en la provincia sureña de Hormozgan, que causaron la muerte de siete personas en la ciudad portuaria de Bandar Khamir y afectaron a su estación de tren. Se reportaron explosiones en Sirik, Ahvaz y Yazd después de que comenzara una nueva ola de ataques a las 3 p. m., hora del Este.

El Ministerio de Energía de Irán pidió el viernes a los ciudadanos que redujeran el consumo de electricidad y aire acondicionado, ya que los ataques estadounidenses contra el sistema eléctrico sobrecargaron la red en medio de un calor extremo. Desde que se reanudaron los combates, los ataques han causado la muerte de al menos 38 personas y han dejado más de 400 heridos, informó el viernes el Ministerio de Salud de Irán.

Los ataques contra la infraestructura civil constituyen crímenes de guerra. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional define como crimen de guerra “dirigir intencionalmente ataques contra objetos civiles, es decir, objetos que no son objetivos militares”, y el derecho internacional consuetudinario —vinculante tanto para Washington como para Teherán, aunque ninguno de los dos haya ratificado los tratados— protege específicamente “las instalaciones y el suministro de agua potable”.

Un portavoz del secretario general de la ONU, António Guterres, dijo el viernes que Guterres está “particularmente preocupado por los ataques contra la infraestructura civil en Irán y en toda la región”, y agregó: “Dichos ataques son inaceptables”.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, celebró la destrucción en las redes sociales. El viernes publicó una fotografía de la torre de vigilancia marítima de Chabahar derrumbándose entre el humo, con la leyenda: “Irán no controla el SoH” —el Estrecho de Ormuz, a 350 millas de distancia—.

Funcionarios iraníes indicaron que la torre, que se derrumbó tras un tercer ataque, servía para guiar a los buques mercantes y coordinar los rescates de pescadores en el mar. Ryan Costello, director de políticas del Consejo Nacional Iraní-Estadounidense, calificó la publicación como “una repugnante celebración en línea del bombardeo contra Irán y su infraestructura”.

El memorando de entendimiento firmado el 17 de junio detuvo los ataques estadounidenses, reabrió los puertos de Irán y suspendió temporalmente las sanciones petroleras a cambio de 60 días de libre paso por el estrecho.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró nulo el acuerdo el 8 de julio, notificó al Congreso el 10 de julio que se habían reanudado las “acciones militares” y, el 11 de julio, se produjo la primera de siete noches consecutivas de bombardeos. Para el martes por la tarde, el bloqueo naval se había restablecido.

La administración de Trump está discutiendo activamente una invasión terrestre. El Wall Street Journal informó el miércoles que Trump se inclina por ampliar las operaciones, incluyendo el envío de tropas para tomar la isla de Kharg, la principal terminal de exportación de petróleo de Irán, y otros territorios a lo largo del estrecho, tras una reunión celebrada el martes en la Sala de Situación de la Casa Blanca. Reuters informó ese mismo día que los funcionarios describen los ataques actuales como «operaciones de preparación».

El viernes, el Journal informó que Estados Unidos estaba retirando aviones de combate de Europa y que la 11.ª Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina, con más de 2.000 efectivos, está operando en la región.

Trump se ha negado a descartar un asalto terrestre. “A veces se necesita una campaña terrestre, pero contamos con otros que la llevarán a cabo por nosotros”, dijo el martes en Fox News, calificando de poco probable la toma de la isla de Kharg, pero agregando: “Si los debilitamos lo suficiente y los hacemos retroceder lo necesario, lo haría”.

La campaña de los puentes en sí misma cumple con una amenaza que había hecho días antes: “Vamos a destruir todas sus centrales eléctricas. Vamos a destruir todos sus puentes a menos que se sienten a la mesa y negocien”.

Irán respondió con ataques con misiles y drones contra bases estadounidenses y otros objetivos en Kuwait, Bahrein, Catar, Jordania y Omán. El viernes, dañó una planta de energía y desalinización kuwaití —el país obtiene alrededor del 90 por ciento de su agua potable mediante desalinización—, lo que obligó a Kuwait a racionar la electricidad en medio del calor de julio.

Ningún miembro de la dirección demócrata del Congreso ha respondido públicamente al informe del Journal de que la Casa Blanca está discutiendo activamente el envío de tropas terrestres a Irán. El miércoles, el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, votó a favor de proteger los 3,3 mil millones de dólares en ayuda militar a Israel contra una enmienda que proponía su eliminación.

Cuando Trump firmó el acuerdo con Irán en junio, los líderes del partido lo denunciaron como una capitulación. “Esto no es el arte de negociar. Es el arte de rendirse”, dijo el 19 de junio el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, al afirmar que Trump “regaló todo” y que “los iraníes lo dejaron sin nada”.

El diputado demócrata Seth Moulton, de Massachusetts, calificó el acuerdo como “básicamente un documento de rendición de Donald Trump ante el líder supremo de Irán”. Sus críticas eran, en efecto, una exigencia de que la guerra se llevara a cabo hasta la victoria.

La guerra es abrumadoramente impopular. En una encuesta de The Economist /YouGov realizada del 10 al 13 de julio, el 57 por ciento calificó de errónea la decisión de ir a la guerra y el 65 por ciento dijo que Washington debería llegar a un acuerdo para ponerle fin lo antes posible. Una encuesta de The Washington Post -Ipsos publicada el jueves situó el índice de aprobación de Trump en el 37 por ciento, con un 61 por ciento de desaprobación.

El impacto económico va en aumento. El crudo Brent cerró el viernes a 88,10 dólares el barril, con un alza del 4,6 % en el día y de más del 10 % en la semana, su mayor subida en cinco días desde abril.

La gasolina ha alcanzado los 3,94 dólares por galón a nivel nacional, frente a los 3,79 dólares del 7 de julio, según la AAA, y el seguro contra riesgos de guerra para los buques en la región ha subido del 0,25 por ciento del valor de la embarcación antes de la guerra a hasta un 10 por ciento.

El bombardeo de Irán forma parte de una guerra más amplia. En Gaza, el Ministerio de Salud contabilizó 73 250 muertos hasta esta semana, e Israel ha intensificado drásticamente sus ataques: más de 40 en junio, la cifra más alta en un mes desde el alto el fuego que entró en vigor en octubre de 2025.

El viernes, un ataque con drones contra una procesión fúnebre frente a una mezquita en el campamento de refugiados de Nuseirat mató a ocho personas, informó Al Jazeera. El Times of Israel publicó el jueves que el ejército israelí “intensificó sus ataques” en Gaza después de que la primera ronda de la guerra contra Irán llegara a su fin en abril.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de julio de 2026)

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