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“Las fronteras no significan nada para los trabajadores”: Los huelguistas de National Steel Car en Hamilton, Ontario, alzan la voz

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Trabajadores de National Steel Car en huelga

Más de 1,200 trabajadores de la planta de National Steel Car en Hamilton, Ontario, miembros del Local 7135 del Sindicato de Trabajadores Siderúrgicos (United Steelworkers), se encuentran en huelga desde el 12 de agosto en la planta de fabricación de vagones de carga ferroviarios más grande de Norteamérica. Los trabajadores rechazaron por un 78 por ciento el ultimátum final de la empresa sobre el convenio colectivo y están decididos a acabar con el opresivo sistema de trabajo a la pieza de la empresa, que pone en peligro sus vidas y les roba sus salarios. Esta es su segunda huelga en tres años.

Reporteros del World Socialist Web Site de Canadá visitaron el sábado el piquete para hablar con los trabajadores en huelga. También viajaron desde Detroit simpatizantes de Will Lehman, el trabajador de Mack Trucks y candidato socialista a la presidencia del Sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos (United Auto Workers). Distribuyeron una declaración de Lehman en la que se exhorta a los trabajadores de Canadá y Estados Unidos a respaldar a los trabajadores en huelga y a oponerse a las medidas de guerra comercial que están utilizando los gobiernos y las burocracias sindicales de ambos países para dividir a los trabajadores según líneas nacionales.

El comunicado de Lehman destacó el llamado del Comité de Base de National Steel Car para que los trabajadores ferroviarios y de otros sectores en EE. UU. prohíban el uso de cualquier vagón que National Steel Car haya arrendado a las empresas ferroviarias para mantener el flujo de ingresos durante la huelga.

La delegación habló con los trabajadores el sábado por la tarde, cuando los burócratas del USW que habitualmente vigilan el piquete se habían tomado el día libre. La semana pasada, un grupo de siete u ocho burócratas del USW, encabezado por el secretario de actas del Local 7135, Shawn McMullin, rodeó a un equipo de reporteros del WSWS, los insultó e intentó, sin éxito, expulsarlos del piquete. Libres de esta intimidación burocrática, los trabajadores entablaron una discusión muy amplia sobre tácticas, perspectivas políticas y el papel de la burocracia sindical.

Los trabajadores expresaron con firmeza que el sistema de trabajo a la pieza —al que la burocracia del USW dice oponerse, pero que al mismo tiempo ha propuesto gestionar conjuntamente con la empresa— es claramente injusto y es una causa directa de las condiciones de trabajo notoriamente inseguras en la planta, las cuales han provocado la muerte de tres trabajadores en tres años.

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El sistema de trabajo a la pieza está diseñado para reducir los salarios de los trabajadores y, de ese modo, aumentar las ganancias del dueño de la empresa, Greg Aziz. La diferencia entre cumplir o no la cuota de trabajo a la pieza es mucho mayor que el mísero aumento salarial del 7 por ciento que se ofrece. «Tienen la capacidad de quitarme el 25 por ciento de mi salario a su antojo… Así que, básicamente, si me dan un aumento del 6, 7 o 10 por ciento, luego pueden quitarme el 25 por ciento. ¿Eso es un aumento? No».

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En el piquete hubo un amplio consenso en que el sistema de trabajo a la pieza, que enriquece a Aziz, es un precio que se paga con la sangre de los trabajadores. Fraser Cowan, Collin Grayley y Quoc Le murieron en el trabajo entre 2020 y 2022.

Uno de los trabajadores que habló con el WSWS fue testigo de una de las muertes en el lugar de trabajo. «Yo presencié la muerte aquí. Fue una tragedia horrible. Por las prisas de intentar cumplir con la cuota de trabajo, las cosas no se hicieron como se debe o, ya sabes, se hicieron un poco a toda prisa. Las barras que se suponía que debían sostenerlo se rompieron de golpe y la grúa no estaba sujetando el mamparo, así que se cayó y aplastó al tipo. Fue bastante horrible. Nunca olvidaré esa noche».

Otro trabajador comentó con amargura sobre el sistema de justicia de clases que permite que los trabajadores mueran en el trabajo y que los dueños traten las muertes de los trabajadores como el «costo de hacer negocios». Aziz pagó un total de 650 000 dólares en multas. Un trabajador comentó con amargura: «Entonces, ¿cuál es el precio de matar a un trabajador?... Como empresario, sopesas esto, sopesas este precio, sea cual sea el precio que se fije. Señor Aziz, cualquier empleador en este país debería rendir cuentas... Nadie debería ir a trabajar y morir... Y el dinero, ya sabes, nunca es suficiente. De verdad que nunca es suficiente».

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Otro trabajador declaró: «Para nosotros, eso es un hermano o una hermana que ya no está… alguien que le dijo a su familia “hasta luego”, no “adiós”. Y no pudo regresar a casa con sus hijos, ¿verdad? Así que sí, eso es algo de lo que tenemos que deshacernos. Nadie debería morir por un sueldo».

Otro trabajador declaró que la situación de salud y seguridad era tan grave que el Ministerio de Trabajo de Ontario —que ha reducido las inspecciones de seguridad en el lugar de trabajo y carece de personal suficiente— se vio obligado a operar lo que equivale a una «sucursal» en la planta.

El testigo de la muerte de su compañero de trabajo recordó que «Nos dijeron que volviéramos al trabajo al día siguiente hasta que, creo que fue la junta laboral, dijo: “No, tiene que haber una investigación adecuada”. Aunque creo que solo pasaron dos días, ya querían que volviéramos… a la empresa; en realidad, esto no significa mucho para ellos».

Los trabajadores comprenden la realidad básica de que su trabajo en condiciones extremadamente inseguras es la única fuente de ganancias de Aziz. «Somos los trabajadores, somos quienes generamos sus ganancias. Y así es como nos trata», dijo uno de ellos.

Los piquetes impiden el paso a los rompetravas, en la planta de National Steel Car en Hamilton, Ontario

El hecho de que los simpatizantes de Lehman hubieran venido desde Estados Unidos para expresar su solidaridad y hacer un llamado a la acción conjunta a través de la frontera entre Canadá y Estados Unidos provocó una respuesta contundente y desafiante.

«Todos debemos unirnos. Quiero decir, nuestros gobiernos quieren enfrentarnos entre nosotros. No tengo nada en contra de los estadounidenses. Sé que Trump es un problema para nuestro gobierno. Pero para mí, nuestro propio gobierno es nuestro problema… al fin y al cabo, tenemos que unirnos», dijo el trabajador veterano con más de medio siglo de servicio en la planta.

El simpatizante de Lehman respondió que «los trabajadores estadounidenses también tienen un problema con Trump». El trabajador canadiense contestó: «Entonces todos estamos de acuerdo».

La exigencia del Comité de Base de National Steel Car de que los trabajadores ferroviarios canadienses y estadounidenses se nieguen a manejar los vagones de NSCX que Aziz ha arrendado para socavar el impacto de la huelga recibió un fuerte apoyo en el piquete.

«Creo que es una idea genial. ¿Por qué debería seguir ganando dinero mientras nosotros sufrimos, verdad? Espero que los trabajadores estadounidenses vean por lo que estamos pasando y se den cuenta de que forman parte de esto tanto como nosotros, y que debemos unirnos porque somos hermanos. Ya sabes, las fronteras no significan nada para los trabajadores, ¿verdad?».

Piquetes frente a las instalaciones de National Steel Car en Hamilton, Ontario

El apoyo a la unidad internacional de la clase trabajadora contrasta marcadamente con la postura del presidente del UAW, Shawn Fain, quien respalda los aranceles y las medidas de guerra comercial de Trump. En respuesta, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha emitido sus propios contraaranceles, que cuentan con el respaldo de la burocracia sindical en Canadá. En ambos países, la guerra comercial se utilizará para acelerar el ataque contra los empleos y exigir a los trabajadores concesiones cada vez mayores en materia de salarios y prestaciones.

«¿Qué opinas de la idea de unir a los trabajadores más allá de las fronteras en una lucha común?», le preguntó un reportero a un trabajador en huelga. Él respondió: «Es una idea genial. Creo que probablemente eso es lo que hay que hacer para devolver el poder al pueblo. Y a los trabajadores, ¿no?».

Cuando se le preguntó sobre el llamado del Comité de Base de National Steel Car para que los trabajadores en huelga le quiten el control de la lucha al aparato del USW, un trabajador con amplia experiencia en la planta dijo que la burocracia haría todo lo posible para impedir que los trabajadores ejerzan su control. “Tratan al sindicato como un negocio. Es su negocio, y harán lo que tengan que hacer para protegerlo. Al igual que cualquier otra compañía de seguros, recaudan dinero, pero no quieren pagar”.

Esto queda subrayado por la decisión del USW de retener la mísera paga de huelga de 425 dólares a la semana durante las primeras dos semanas de la huelga, con el fin de ablandar a los trabajadores para que acepten un contrato con concesiones impuestas. El USW cuenta con 2.5 mil millones de dólares (USD) en activos, según su último informe financiero presentado ante el Departamento de Trabajo de EE. UU. Pagó 86.2 millones de dólares en salarios y gastos a sus cientos de funcionarios y empleados, más de 13 veces lo que pagó en prestaciones de huelga (6.5 millones de dólares) en 2025. Esto incluye 282 812 dólares (393 141 dólares canadienses) para el presidente del USW, David McCall, y 252 660 dólares (350 986,43 dólares canadienses) para Marty Warren, el director nacional en Canadá.

«¿Qué opinas de la propuesta de que los trabajadores sean los jefes?», preguntó el reportero. Él respondió: «Oh, por supuesto. ¿Quién mejor para dirigir una empresa que los trabajadores? ¿Quién más sabe cómo manejar este lugar?».

(Artículo publicado originalmente en inglés el 31 de agosto de 2026)

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