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Perspectiva

La amenaza de Trump de “aniquilar” Irán: la criminalización de la política exterior imperialista

El presidente estadounidense Donald Trump dijo el martes ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que está decidiendo si “aniquila a la República Islámica” de Irán y la “arroja al infierno sin ninguna posibilidad de sobrevivir”.

El presidente Donald Trump y el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, hablan con los periodistas tras su reunión en Gracie Mansion, en la ciudad de Nueva York, el 21 de septiembre de 2026. [Foto: C-SPAN] [AP Photo/Julia Demaree Nikhinson]

El presidente estadounidense preguntó: “¿Aniquilo a la República Islámica y lo hago rápidamente, sin darles jamás la oportunidad de volver a matar y destruir a personas y países?”

El lenguaje homicida de Trump marca una nueva etapa en la criminalización de la política exterior imperialista en medio del estallido de la guerra mundial. No tiene precedentes en la política moderna, fuera del discurso del régimen de Adolf Hitler, que libró una vernichtungskrieg, una guerra de aniquilación, contra la Unión Soviética.

Sin embargo, a diferencia de Trump, Hitler no anunció públicamente su guerra de exterminio. Dio la orden en privado a sus generales. El 30 de marzo de 1941, en una reunión a puerta cerrada con unos 200 altos oficiales, les dijo que la próxima invasión sería una vernichtungskampf, “una guerra de exterminio”, según el diario de su jefe del Estado Mayor del Ejército, Franz Halder.

De hecho, el exterminio de la población de Irán, que ha resistido los esfuerzos de Trump por subyugar al país mediante la guerra, está siendo discutido activamente en la Casa Blanca. El periodista Seymour Hersh informó el 10 de junio que Trump había planteado el uso de armas nucleares contra Irán, un país de 93 millones de habitantes, en una reunión secreta con sus principales colaboradores.

La guerra criminal de agresión de Trump contra Irán había matado al menos a 3.468 personas y herido a más de 26.500 hasta el 10 de junio, según el Ministerio de Salud de Irán. La semana pasada, una misión de investigación de la ONU encontró “motivos razonables para creer que Estados Unidos cometió crímenes de guerra”, citando el ataque con misiles estadounidense del 28 de febrero contra una escuela primaria de niñas en Minab que mató a más de 150 personas, 120 de ellas menores.

La guerra contra Irán es un componente de la ofensiva estadounidense-israelí en todo Oriente Próximo, cuya máxima expresión es el genocidio en Gaza, que ha matado a 73.919 palestinos, según el Ministerio de Salud de Gaza.

La amenaza contra Irán fue uno de una serie de elementos. Trump se jactó de que el Ejército estadounidense había penetrado “profundamente en la capital venezolana” y “arrestado” a Maduro, y que la recompensa era “el mayor acuerdo petrolero de la historia”, 65.000 millones de barriles. “Al vencedor pertenecen los despojos”, declaró Trump. Cuba “es un Estado absolutamente fallido... y caerá”. Groenlandia pasará al “control permanente” de Estados Unidos, con dos “bases militares muy importantes”.

Durante el discurso de Trump, solo las delegaciones de Irán y Cuba, cuyo Gobierno Trump amenazó con derrocar, abandonaron la sala en protesta. Los representantes de las potencias imperialistas europeas, pese a toda su constante retórica sobre la democracia y los derechos humanos, permanecieron sentados y no hicieron nada. Khalilur Rahman, el ministro de Exteriores de Bangladesh que preside la Asamblea, agradeció al presidente estadounidense.

La Carta de las Naciones Unidas fue firmada en San Francisco el 26 de junio de 1945, siete semanas después de la rendición de la Alemania nazi, “para preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles”.

Su Artículo 2 obliga a cada miembro a “abstenerse, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”. El discurso de Trump constituyó precisamente una amenaza de ese tipo, pronunciada en el edificio construido para proscribirla por el líder de un Estado que lleva casi siete meses librando una guerra ilegal de agresión. El propio discurso de Trump es susceptible de ser imputado como una violación del derecho internacional.

El contrapunto europeo a Trump lo ofreció el martes el presidente francés Emmanuel Macron, quien habló del “retorno del imperialismo, de la arrogancia, del retorno de la fuerza sin límites que no conoce reglas... Un mundo en el que algunos creen que pueden socavar el orden internacional para ampliar sus fronteras”.

Añadió: “Los crímenes de guerra han sido industrializados. Hemos visto la destrucción de infraestructura civil, violaciones de los derechos humanos”.

Pero mientras algunos comentaristas interpretaron sus declaraciones como una crítica velada a Trump, nunca mencionó al presidente estadounidense. Más bien, su discurso fue una denuncia explícita y enérgica de Rusia y una declaración de intención de continuar, junto con Trump, financiando y armando a Ucrania.

Macron declaró que “Rusia ha estado librando una guerra cruel contra los civiles. Ha estado ocupando el territorio de un Estado soberano. Francia seguirá brindando un apoyo inquebrantable” a Ucrania en su guerra contra Rusia.

En opinión de Macron, la respuesta apropiada al “imperialismo” y los “crímenes de guerra” de Rusia es que las potencias imperialistas europeas intensifiquen su guerra contra Rusia. Macron no hizo ningún esfuerzo por conciliar sus afirmaciones de que la guerra contra Rusia es una guerra por la democracia con el hecho de que Trump, su aliado en esa guerra, acababa de amenazar con exterminar a la población de todo un país.

En 1920, Lenin describió la Sociedad de Naciones, predecesora de la ONU, como “una liga de perros rabiosos que se arrebatan los huesos unos a otros”. La frase quizá resulte algo pintoresca. La Asamblea General de la ONU de 2026 es un centro activo de planificación de la guerra.

Después de reunirse ese mismo día con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, Macron anunció un contrato para suministrar a Ucrania radares y misiles de defensa aérea, informó el martes el Kyiv Independent. Trump, por su parte, también se reunió con Zelenski el martes y confirmó que se estaba discutiendo la fabricación de misiles de defensa aérea Patriot en Ucrania.

Cuando comenzó la reunión entre Trump y Zelenski, un periodista británico le dijo a Trump que “mucha gente en el Reino Unido está muy preocupada por el tono de las declaraciones de los líderes del Reino Unido y de otros países europeos sobre la inevitabilidad de un conflicto directo entre nosotros y Rusia”, y preguntó: “¿Puede usted impedir que eso ocurra?” Trump se negó a dar una respuesta seria.

De hecho, las amenazas estremecedoras de Trump contra Irán, y el hecho de que no provocaran ninguna protesta seria entre los dirigentes de las potencias imperialistas, demuestran hasta qué punto la guerra mundial y su corolario, el exterminio de poblaciones enteras, han sido normalizados por el capitalismo mundial.

Los demócratas no son una alternativa a este belicismo. Apenas unos días antes, habían dado a Trump carta blanca para intensificar la guerra no solo contra Rusia sino también contra Irán. El 16 de septiembre, 58 demócratas de la Cámara de Representantes votaron a favor de la Ley de Sanciones a Rusia e Irán Lindsey O. Graham, que autoriza al presidente a gravar las importaciones procedentes de China, India y los demás mayores compradores de petróleo ruso con tasas de hasta el 100 por ciento y extiende durante cinco años las sanciones contra los sectores energético y armamentístico de Irán. Treinta y seis de los 45 demócratas del Senado habían votado a favor el 7 de agosto.

El líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, votó en contra porque, según dijo, el proyecto de ley no iba lo suficientemente lejos contra Rusia: “Hay que enfrentarse al matón, no apaciguar al matón”. Una mayoría demócrata en el Congreso después del 3 de noviembre llevaría la guerra más lejos y más rápido.

El día antes de su discurso, Trump se reunió con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, miembro del DSA, en Gracie Mansion. Mamdani no dijo nada sobre la guerra y declaró a los periodistas: “Apreciamos el compromiso del presidente con la ciudad”.

Trump comenzó su discurso jactándose de “la edad de oro de Estados Unidos”, declarando: “El mundo entero está siendo elevado por la riqueza, la fuerza, el espíritu y el impulso de unos Estados Unidos de América renovados y muy poderosos”.

En realidad, Trump preside un orden social y un sistema político que se está pudriendo de pie, lo que Trotsky describió en vísperas de la Segunda Guerra Mundial como “la agonía mortal del capitalismo”. La misma crisis está produciendo su contrario: el crecimiento de la oposición social, las protestas masivas y la lucha de clases mundial.

La oposición al belicismo criminal de Trump no vendrá ni de las potencias imperialistas europeas ni de los demócratas y sus cómplices del DSA. Vendrá de la clase trabajadora internacional, armada con el programa del socialismo internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23/09/2026)

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