Las protestas de los estudiantes de secundaria que sacuden a Francia, las cuales se han sumado a las manifestaciones masivas por la vivienda que exigen una huelga general en España, se han convertido en un enfrentamiento con el régimen capitalista francés. Esto pone en el centro de la situación la necesidad de la intervención directa de la clase trabajadora. Las numerosas pancartas de protesta que invocan el mayo de 1968 —cuando la ira por la represión policial de las protestas estudiantiles estalló en la mayor huelga general de la historia de Francia— reflejan la necesidad ampliamente sentida de movilizar todo el poder de la clase trabajadora contra un orden social en bancarrota.
El principal obstáculo para tal movilización son los grupos pequeñoburgueses como la organización morenista francesa Révolution Permanente, que intentan aislar la revuelta juvenil de una movilización independiente y revolucionaria de la clase trabajadora. A pesar de algunas frases combativas, sus análisis son un entramado de evasivas que ocultan las tareas revolucionarias que enfrenta la clase trabajadora. Al pasar por alto en silencio la escalada de la guerra de la OTAN contra Rusia y las crecientes protestas en toda Europa, RP promueve la ilusión de que las burocracias sindicales harán que el Estado “ceda”. En un comunicado del 7 de octubre, escribe:
La participación de los trabajadores también debe profundizarse. La solidaridad es fundamental, pero debe expresarse en acciones colectivas en los lugares de trabajo y en movilizaciones de huelga capaces de construir un frente unido contra la represión y los ataques del gobierno.
Pero la clase trabajadora no es un actor secundario en el movimiento juvenil. El movimiento juvenil, que ha estallado fuera del control de las confederaciones sindicales, ha puesto de manifiesto la total impopularidad del gobierno y la violencia sangrienta del estado policial. Ha desafiado la represión policial y una ola de detenciones masivas de más de 6.000 jóvenes, en su gran mayoría menores de edad. Sin embargo, por sí solo, no puede imponer demandas en materia de educación y gasto social, detener la guerra imperialista y la militarización de la sociedad, ni poner fin a la violencia del Estado policial.
La fuerza revolucionaria capaz de paralizar la economía, ocupar fábricas y lugares de trabajo, y arrebatar el poder de las manos de la oligarquía capitalista belicista es la clase trabajadora. Como explicó el Parti de l’égalité socialiste (PES) en su comunicado: el movimiento juvenil puede ser una poderosa palanca para movilizar a la clase trabajadora y preparar una huelga general. Los jóvenes y los trabajadores que ya están en lucha pueden formar comités de acción independientes para ir a las fábricas, los lugares de trabajo y los barrios de clase trabajadora, dialogar con los trabajadores y preparar una lucha más amplia.
El llamado de RP a “un frente único contra la represión y los ataques del gobierno” es deliberadamente vago: ¿un frente único de quiénes, organizado cómo, bajo qué liderazgo político y para qué programa? RP no lo dice, porque esto plantearía la cuestión de la organización política de la clase trabajadora independiente de las burocracias sindicales —precisamente la cuestión que RP existe para suprimir—. RP continúa reiterando su manida exigencia de que las direcciones sindicales desarrollen un “plan de batalla”, escribiendo:
La decisión de la alianza intersindical, anunciada el día anterior, de programar la próxima movilización interprofesional para el 5 de noviembre revela la intención de pasar por alto al movimiento de los estudiantes de secundaria… Por lo tanto, todos los sindicalistas que reconozcan la urgencia de mantener la solidaridad con los estudiantes de secundaria deben, por lo tanto, desafiar a sus organizaciones sindicales. A medida que se multiplican los llamados a la movilización para el 17 de octubre, es necesario exigir un plan para unificar la indignación y mantenerla a pesar de las vacaciones escolares.
La burocracia sindical busca, sin duda, desgastar y traicionar al movimiento de secundaria. Pero la tarea urgente, por lo tanto, no es obligar a los trabajadores a esperar a que se cumplan sus planes. Es, por el contrario, organizar de manera independiente a la juventud y a los trabajadores que están en lucha, para que puedan movilizar a la clase trabajadora en la lucha revolucionaria que las burocracias sindicales quieren impedir.
RP se opone a esa organización independiente de las bases de la clase trabajadora. Para el movimiento juvenil, propone que los estudiantes y los docentes “se organicen de manera independiente, debatan sus demandas, elijan delegados y establezcan vínculos entre las escuelas”. Sin embargo, no hace ningún llamado a la creación de comités o asambleas independientes de las bases que establezcan vínculos entre los lugares de trabajo, al margen de las burocracias sindicales.
Más bien, insta a los trabajadores a “desafiar” a la burocracia sindical desde adentro —es decir, a permanecer dentro de ella y a seguir subordinando sus luchas a sus calendarios y a sus negociaciones con el Estado capitalista—. Al proponer “construir una fuerza capaz de obligar al gobierno a dar marcha atrás”, RP concluye llamando a la organización de los estudiantes en alianza con huelgas controladas por la burocracia sindical:
Lo que se necesita ahora es darle continuidad y organización a este movimiento: asambleas, delegados con mandato, coordinación entre escuelas secundarias y universidades, y huelgas de trabajadores que den expresión concreta al sentimiento de solidaridad. … Hay que aprovechar este momento para pasar a la ofensiva: unir la fuerza de la juventud con la de los trabajadores, ampliar la movilización y construir una confrontación social capaz de derrotar al gobierno y sus ataques.
Hay que decirlo sin rodeos: este no es el camino hacia una huelga general y una revolución socialista, sino hacia la traición y la derrota. La historia reciente nos enseña amargas lecciones sobre el tipo de alianzas que propone RP. Las burocracias sindicales desgastaron y, finalmente, acabaron con el mayor movimiento de huelga en Francia desde 1968, durante las huelgas masivas y los disturbios juveniles contra los recortes a las pensiones de Macron en 2023. Después de que los dirigentes sindicales aparecieran en televisión para declarar ante millones de personas que estaban aterrorizados por la ira social contra Macron, pusieron fin a todas las acciones de huelga contra los recortes —a los que se oponía una abrumadora mayoría de la población— después de que Macron los promulgara como ley.
Una lucha políticamente independiente para movilizar a la clase trabajadora contra la guerra imperialista y la reacción capitalista es el camino para evitar una nueva traición a las luchas de los trabajadores y la juventud.
El silencio de RP sobre la guerra y el movimiento internacional de la clase trabajadora
Lo más llamativo de las declaraciones de RP, y de hecho de toda su cobertura de las protestas escolares francesas, no es lo que dice, sino lo que omite. Aun cuando la guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania amenaza cada vez más abiertamente con escalar a una guerra total que implique el uso de armas nucleares, y mientras las protestas se extienden por toda Europa, RP no vincula la protesta de los estudiantes de secundaria franceses con ningún acontecimiento fuera de las fronteras nacionales de Francia. Ignora la urgente necesidad de dotar a los trabajadores y a la juventud en lucha, tanto en Francia como a nivel internacional, de una perspectiva socialista para oponerse a la guerra y a la oligarquía capitalista.
La declaración de RP no hace mención alguna a la guerra. No menciona la guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania, la guerra contra Irán ni las decenas de mil millones de euros que se están invirtiendo en el ejército francés. Tampoco menciona que, el mismo 6 de octubre —mientras cientos de miles de personas marchaban por toda Francia—, el ejército francés llevó a cabo la primera prueba de su misil balístico lanzado desde submarino M51.3, días después de que Moscú emitiera una advertencia nuclear ante las amenazas de la OTAN contra Kaliningrado.
Esto no es un descuido, sino la consecuencia de la perspectiva nacional-reformista de RP. Al proponer únicamente “obligar al gobierno a dar marcha atrás”, se niega a plantear problemas que no pueden resolverse en un marco nacional, mediante cambios tácticos en la política del Estado capitalista. Y así, aunque critica a las burocracias sindicales por pasar por alto las protestas estudiantiles, RP pasa por alto la lucha contra la guerra imperialista necesaria para detener la transferencia de recursos financieros de la educación al ejército.
Sin embargo, es imposible resolver la crisis social y detener el giro de la burguesía hacia el neofascismo y la violencia del estado policial sin oponerse a la guerra imperialista. Como explicó la declaración del PES, trazando el paralelo histórico con las guerras mundiales del siglo XX:
La escalada bélica y la explosión de la lucha de clases no son cuestiones separadas. Los mismos gobiernos que les dicen a los trabajadores que no hay dinero para escuelas, hospitales, pensiones y vivienda están gastando cientos de miles de millones en armamento. Y el aparato militar y policial, fortalecido en nombre de la seguridad externa, se está desplegando contra la oposición interna. …
En los años previos a la Primera Guerra Mundial, Europa se vio sacudida por huelgas masivas y una creciente lucha revolucionaria de la clase trabajadora, mientras que las potencias imperialistas aceleraban la carrera armamentista y pasaban de una crisis internacional a otra. Cuando estalló la guerra en 1914, las clases dominantes invocaron la defensa nacional para exigir que los trabajadores abandonaran la lucha de clases y se subordinaran a su propia burguesía.
El silencio de RP sobre la necesidad de oponerse a las guerras del imperialismo francés contra Rusia y en África es una advertencia sobre el carácter de clase de esta tendencia. Las tendencias que se habían mostrado incapaces de oponerse al imperialismo antes de 1914 capitularon ante la “Unión Sagrada” con la burguesía cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914.
¿Cuál es la perspectiva de RP respecto a una “semana roja” para obligar al gobierno a “ceder”?
El 8 de octubre, RP emitió un nuevo comunicado en el que exponía su perspectiva sobre un movimiento juvenil aliado con la burocracia sindical en las protestas de la próxima semana. En “Revuelta juvenil: Necesitamos una semana roja para extender el movimiento al mundo del trabajo”, escribió:
En este sentido, tras una semana exitosa de protestas, el movimiento de estudiantes de secundaria y universitarios debe centrarse ahora en organizar una “semana roja” —una semana de acción en conjunción con el mundo laboral— que, gracias a su poder de huelga y su capacidad para paralizar la economía, podría fortalecer el equilibrio de fuerzas. Esta alianza es necesaria para lograr sus demandas y obligar a Macron a dar marcha atrás.
Esta formulación resume la política de RP. El objetivo que le plantea a la clase trabajadora no es el derrocamiento del Estado capitalista, sino obligarlo a “ceder”. Tal “ceder” táctico por parte de Macron, si es que llegara a ocurrir, no detendría las guerras ni derrocara al gobierno de Macron. Tampoco conduciría a la expropiación de la oligarquía capitalista que ha amasado sus enormes fortunas llevando a la quiebra al Estado francés y a sus programas sociales.
El horizonte de la “revolución” de RP consiste en negociaciones más favorables con Macron. Al ignorar por completo las raíces de las guerras y la crisis social —que se encuentran en la crisis internacional del capitalismo—, aislaría a los trabajadores y a la juventud de Francia de los millones de trabajadores y jóvenes de España, Bélgica, Estados Unidos y otros países que siguen en lucha.
Esas posiciones nacional-oportunistas y pequeñoburguesas constituyen el ADN político de RP como tendencia, que se fundamenta en el rechazo a la defensa del trotskismo frente al estalinismo y el pablismo que llevó a cabo el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI). RP es la filial francesa de la tendencia morenista liderada por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina. Esta tendencia desciende de las fuerzas lideradas por Nahuel Moreno, quien inicialmente se alineó con el CICI en la escisión de 1953 con la tendencia proestalinista liderada por Michel Pablo que había surgido dentro de la Cuarta Internacional. Sin embargo, finalmente buscaron una reunificación sin principios con el pablismo en 1963.
Durante muchos años, RP funcionó como una tendencia dentro del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) pablista en Francia, que se fundó sobre la base de un rechazo explícito a un programa trotskista. Orientado a maniobras con el Estado capitalista y la burocracia sindical en el escenario nacional, se opuso a la lucha del CICI por el internacionalismo socialista y la independencia política de la clase trabajadora.
Esto subyacía a la perspectiva que RP planteó en medio de la lucha de 2023 contra los recortes a las pensiones de Macron, cuando millones de trabajadores querían paralizar la economía y derrocar a Macron. En ese momento, como documentó el WSWS, los líderes de RP, Juan Chingo y Romaric Godin, insistieron en que “la situación no es revolucionaria”, y Chingo declaró que el movimiento de huelga no debía derrocar al capitalismo, sino más bien desarrollar “un contrapeso genuino al poder de la burguesía”.
Chingo elogió la “democracia representativa burguesa” y propuso que los trabajadores “experimentaran con la democracia representativa burguesa”, mediante medidas como la fusión de las dos cámaras del parlamento francés en una sola.
El llamado de RP a “obligar” a Macron a “ceder” en 2026 es la continuación de su llamado a trabajar dentro del marco del dominio burgués en 2023. Ambas son fórmulas para subordinar a la clase trabajadora al Estado capitalista, negar las tareas revolucionarias que se derivan de la crisis capitalista y canalizar la ira social hacia negociaciones burocráticas con un gobierno que libra guerras y recorta los niveles de vida.
La alternativa es la organización independiente no solo de la juventud, sino sobre todo de la clase trabajadora. Hay que aprovechar las próximas semanas de protestas para impulsar la extensión más amplia posible de la lucha hacia la clase trabajadora. Esto significa construir comités de acción para vincular las luchas de los trabajadores y la juventud en Francia con las de sus hermanos y hermanas de clase a nivel internacional, y luchar para preparar una huelga general que pueda derrocar al gobierno de Macron, detener las guerras y abrir un camino hacia la revolución socialista.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 12 de octubre de 2026)
